El mejor ajedrecista del mundo entre los menores de 8 años es argentino
- Miercoles, 20 de Marzo de 2019 | Deportes
Por primera vez en el historial del milenario juego, un ajedrecista argentino alcanzó el privilegio de ubicarse como número 1 del mundo. Ilan Schnaider, vecino del barrio de Palermo y que el pasado 8 de febrero cumplió 8 años, en los registros de la Federación Internacional de Ajedrez es señalado como el mejor ajedrecista Sub 8 del planeta, una marca que se extiende por América como el mejor hasta 9 años y en la Argentina, su nivel de juego está por encima de los menores de 10. Todo un récord para el nuevo niño maravilla de los escaques y trebejos.
Hace una semana, Ilan exhibió sus credenciales de altas capacidades para descifrar los entresijos del juego ciencia tras consagrarse por tercera vez consecutiva como campeón argentino de ajedrez en la categoría de menores de 8 años. Ante 26 rivales, en un certamen a nueve ruedas, Schnaider, socio del Círculo de Ajedrez Torre Blanca, finalizó invicto con el 100 por ciento de los puntos en disputa. "Sí, me gustó ganar otra vez pero esta fue la más fácil de todas", dijo sin eufemismos el talentoso niño que cursa el tercer grado en la Escuela Martín Buber, habla tres idiomas –castellano, inglés y hebreo–, y está dando sus primeros pasos en el estudio de violín.
Acaso pueda resultar curioso que a los 8 años, y con solo tres de ellos dedicados a pulir los rudimentos en el juego, este chico desafíe a sus pares como un experto en una actividad con más de quince siglos de historia documentada, pero de la que se conocen una innumerable cantidad de niños prodigios. "La idea es acompañarlo, que siga jugando y divirtiéndose, pero sin descuidar su entorno emocional y social", dicen casi a dúo Carolina y Ram –que también son padres de Dana, de 6 años–, cuyas vidas giran en torno de la nueva promesa del ajedrez argentino.
Sin bien la práctica del noble juego llegó al país hace más de cuatro siglos, apenas un puñado de ajedrecistas vernáculos por dedicación y talento logró treparse hasta la cima, mientras otros se quedaron en el intento.