Licenciada en Letras presentó un libro de poesías

  • Lunes, 05 de Agosto de 2019 | País

En el marco de los festejos del aniversario de la fundación de Chacabuco en la Casa de Cultura, ayer a la tarde se presentó el libro de poesías 'Palabras en Danza', de Elsa Raquel Pardini de D'Aquino.

Se trata de una vecina que desde finales de la década de 1950 vive en Quilmes, pero mantiene el lazo con Chacabuco. De hecho, en 1964 celebró su matrimonio en la Iglesia Metodista, ubicada en Reconquista y Pueyrredón. Al momento de presentar el libro, Pardini reconoció haber sufrido el desarraigo.

En la presentación estuvo presente la subsecretaria de Cultura, Celina Felice;  Inés Cavallini cantó  a capella y la escritora y docente María Angélica Farías hizo un comentario sobre la biografía y  obra de la escritora a modo de introducción.

Quien se encargó de leer alguno de los poemas de Raquel Pardini fue su hija María Cecilia D'Aquino.

'Me fui de Chacabuco a estudiar Letras en la Universidad de Buenos Aires –comentó la poetisa–, y una vez recibida me dediqué a enseñar. Yo era maestra normal, egresada de Chacabuco y seguí escribiendo porque eso era lo que a mí me interesaba, tener herramientas para poder hacerlo mejor. Trabajé en los niveles primarios, secundarios y en la Facultad, durante un tiempo. Viajar desde Quilmes a la Capital Federal era mucho. Cuando nacieron mis hijos me dediqué a estar en Quilmes, en el Colegio Normal, en uno privado y en el Industrial. Llegué a trabajar en cuatro colegios y me jubilé a los 69 años. Por eso perdí la voz; me tuve que operar de nódulos en las cuerdas vocales'. 

'Los que fueron muy conocidos en Chacabuco eran mis hermanos. Uno se llamaba Hugo y trabajó en la empresa de Mori como director, fue gerente de la Cámara de Comercio y presidente de ALPI. Le gustaba mucho trabajar y socializar con la gente. Otro era Raúl, conocido por su simpatía por el radicalismo'. 

¿Fue alumna de Jorge Luis Borges?

–Sí, fui alumna de Borges, de (Antonio) Pagés Larraya y del profesor de lingüística (Salvador) Bucca. Tuve docentes muy buenos. Ahí me ofrecieron trabajo como investigadora. Yo ya había dejado de trabajar en la facultad. Como tenía que estar siete horas en el Instituto y luego el viaje me iba a llevar otras dos, con los niños pequeños, directamente dije que no. Me hubiera apasionado poder realizarlo porque el tema de la investigación era la literatura clásica y argentina, pero no pude.

–¿Sufrió el desarraigo?

–Sí, mucho. Mayor soy y lo sufro más. Tengo una poesía que ganó un premio por hablar de eso. Cuando vengo a la ciudad veo a una señora y me digo que la conozco, pero no me acuerdo el apellido. Vengo a Chacabuco una vez al mes, nos quedamos una noche al menos con mi esposo. Voy al cementerio a ver a todos mis queridos. Le pedí a mí esposo, y lo prometió, que cuando llegue mi final, vengamos para acá. Mucha gente de mi edad ha desaparecido, descontando a algunas primas, ya no tengo familiares directos, entonces, eso me provoca malestar. Quise estudiar y la facultad más cercana donde podía hacerlo era la de Buenos Aires. Me crié en el campo. En muchas de mis poesías aparecen garzas, cigüeñas, porque vivíamos en una casa que estaba rodeada por catorce lagunas. Era de un tal Rocha y estaba en el camino a Membrillar. Yo iba a caballo a la escuela. Gracias a una poesía sobre ese recuerdo, viajé a Mar del Plata para participar en un certamen para jubilados

–¿A partir del año 2000 comenzó a publicar su obra?

–Mi hija encontró las carpetas con mis escritos y a instancias de ella comencé a editar. Siempre dicen que el caballo gana la primera carrera. Yo saqué primer premio de un concurso con la primera poesía que edité.